domingo, 30 de junio de 2013

El cielo no puede esperar

El cielo es un garabato
que se escapa de tus brazos, 
y se cruza en mi cintura, 
y hace gestar en mi vientre 
al hijo de la desmesura, 
que se agita y se revuelve,
para buscar a su luna. 

Es una ducha caliente 
y un pijama de franela 
una noche de diciembre. 
Es sabor a menta fresca,
cuando te lavas los dientes. 
O que te rasquen la espalda, 
mientras estás viendo la tele. 

Es encontrarte de frente 
con la rabia de un Miura, 
y con gracia y con salero,  
agarrarle por los cuernos 
y sacar a pasear su culo, 
por las aceras de Chueca, 
a que envistan su bravura. 

Es desayunar frente al mar, 
o perderte en una hoguera, 
es estar acompañado, 
entre algún césped tirado, 
con olor a hierbabuena,
mientras buscas la postura, 
que haga temblar al de al lado.

Es un ruido de sirena, 
cuando todo se derrumba, 
y romper una barrera, 
si caminas con dos ruedas, 
o aparcar en pleno centro, 
sin carné de residente,
ni tickets de aparcamiento. 

Son quince minutos de siesta, 
o una llamada perdida, 
esperándote en consigna, 
con un bonito reencuentro. 
Es levantarte podrido, 
y tener la valentía de gritar,
¡joder! qué bien me siento.

El cielo, 
es encontrar en una buhardilla, 
el gran placer de un orgasmo, 
y compartir con un amigo, 
el rubio de una cerveza, 
o el negro, si le va lo amargo, 
el cielo, no puede esperar, 
reclama ya tus pedazos. 

miércoles, 26 de junio de 2013

Nada más

Nada más.
Ya lo sabrás. 
Ahora sí
que estamos lejos. 
Nada más
saldrá de mi. 
Te hice daño.
Te marchaste.
Lo comprendo. 

Nada más.
Lo que no pudo pasar. 
Entre tú y yo, 
nuestro silencio. 
Nada más
puedo contar. 
Me tiraste.
Me apartaste. 
Lo respeto. 

Nada más.
Sobre mis labios,
un atropello. 
¿quien soy yo?,
ya nada más, 
que ese carmín azulado, 
de un amigo matado, 
que no muerto,
ni enterrado. 

lunes, 17 de junio de 2013

Solamente gracias

Cinco compartimos cuna.
Cinco muy diferentes.
Cinco y solamente una.
Una espada y,
cuatro estandartes 
al frente. 

Una sola, una y siempre.
Siempre cuatro. 
Siempre al frente. 

Siempre con vuestras palabras.
Siempre refugio. 
Siempre mi fuente. 
Siempre y acompañada. 
A veces de lejos, 
pero siempre al frente. 

Cuatro estandartes, 
Cuatro enseñanzas. 
Siempre orgullosa. 
Siempre cuidada. 
Siempre y
solamente, ¡gracias!

lunes, 10 de junio de 2013

Me acostumbré

Me acostumbré a mirar tus ojos.
Me acostumbré, sin ver razones,
y aprendí a mirar de lejos,  
a mirar con condiciones.

Tus ojos se me olvidaron,
los encerré en un invierno,
y de tanto imaginarlos,
creo que ya los invento.

Los invento en un rellano,
cuando el cierre de los bares,
anuncia que se hace temprano.
Los invento postulando
un baile con mis caderas,
jugando con mis botones,
trepando por mi escalera.

Me acostumbré a besar tus labios.
Me acostumbré, aun sin promesas,
y probé el regusto amargo,
de las verdades a medias.

Tus labios se me olvidaron,
los usé en un juramento,
y juré no imaginarlos,
y  creo que ya los invento.

Los invento poderosos,
como la carne de un pomelo.
Los invento desnudándose,
en las historias de un verso,
colándose en mis dobleces,
entregándose a mis miedos,
enredados  en mi pelo.

Me acostumbré.
Me acostumbré a quererte tanto,
que todavía te quiero…
aunque creo que lo invento. 

Corazón de caramelo

Si me lo callo reviento,
y  hará costra en mi interior.  
Si al decirlo me arrepiento,
me dolerá el corazón.
Y si me sale del pecho,
a bocajarro y sin freno,
no te coloques en medio,
que haré pedazos al sol.

No importa, corazón de caramelo,
No le mintamos al tiempo,
que  lo malo si breve,
no es dos veces malo,
ni dos veces bueno,
pero se lleva mejor.

Puede que me vista de payaso,  
o dispare a discreción.
Esta franqueza con tralla,
me ha dejado varada,
hable o me quede callada,
por obra o por omisión.

Puede que en este momento,
la moral me derrumbó,
o que hace ya muchos cuentos,
que no creo en los espejos,
que tienen malas costumbres,
y buena reputación.

Dime tú si te lo digo,
dime si quieres oírlo.
si vuelvo la cara y confío
o no quieres escuchar.
O déjame callar primero,
ponte ahora en mi lugar. 

No sé donde colocarme

No sé dónde colocarme.
Si en la tierra o en el aire,
en el agua o en el fuego.
Con seguridad o miedo.

Entre la tierra mojada,
descalza, sintiendo el  grito,
de la libertad más honda,
atravesando mi cuerpo. 

Sobre el aire de un jadeo,
con un enjambre de besos,
trepando sobre la hiedra,
donde guardo mis deseos.

En el agua de un reguero
de todas las gotas de lágrimas,
de las penas que no bebo,
porque no son mi batalla.

 Con el fuego de las brasas,
del deshielo de la luna,
en el arco de mi espalda,
abrasando  la nostalgia.

No sé dónde colocarme.
entre la tierra o sobre el aire,
en el agua o con el fuego.
Con  sinceridad o miedo. 

sábado, 8 de junio de 2013

En mí

En mi vientre hundido,
la amalgama de tus sueños,
con la geometría viciada,
de un bodegón perfecto,
de caricias a destiempo.

En mi pecho escarpado,
el sarcasmo de tu tiempo,
que nada cura, que sala,
los abrazos noctámbulos,
que salpicaban nuestros cuerpos.

En  mi diario aparcado,
los renglones de tus cuentos,
sin tinta, ni moraleja,
solo palabras maltrechas,
en la boca de una vieja.


martes, 4 de junio de 2013

¿?

Con el tiempo he aprendido,
todo lo que hay que aprender,
que nadie nace sabiendo,
ni sabido,
ni se sabe bien quién sabe,
o presume de saber.

Que presumir es barato,  
y hay que saberse vender,
para no vestir los santos,
que las solteras no visten,
por no dejarse querer.

Se hace saber sin motivo,
sin encargo, sin permiso,
 y por el puro placer,
de  colocar su figura,
en el centro del pastel.

Que nadie quiere saber,
que todos dicen lo mismo,
que los pasteles se acaban,
y los en los centros se derraman,
todos los culos de vino.
  
Y aunque  no supiera nada,
nada tengo que saber,
que ya lo aprenderé mañana,
y hasta que la vida aguante,
pienso aguantar yo también.

París nunca volverá

No soy más que una promesa,
Venecia sin su carnaval,
desde el día que te fuiste,
camino con tu caminar,
entre las hojas de un sauce,
entre las notas de un vals.

En aquella ropa vieja,
te sigo viendo dormido,
y no quiero más ropa que esa,
ni más despertar sin tu abrigo,
ni más juegos bajo la mesa,
ni más brillar si no es contigo.

Ya no creo en los castillos,
ni en la otra media mitad,
no soporto los domingos,
ni la cruda realidad.
Desde el día que te fuiste,
París nunca volverá. 

Pomada

Quiero recuperar
mi cordón umbilical,
y  la falta de sentido,
y arropar la insensatez
y cortar con un cristal
en pedacitos mi juicio.

Que ya no quiero escalar,
y las piedras, ¡al molino!,
que no es mejor quien da más,
y estoy harta de escuchar,
que el cuarto dice
que quiere vivir en el quinto.

Igual es la fatalidad,
que sientes que te dirige,
y parece que es normal,
que te toquen las narices,
y al que no quiera entender,
¡pomada! pa sus lombrices. 

¿Dónde vas?

¿Dónde vas doña tristeza,
con rimel en las pestañas?
Llevas los tacones rotos,
un chicle en la risa pegado,
y un gazapo en la mirada.

Quizá fue un día de esos,
con todas las puertas cerradas.
Un día de perros sin dueño,
y ves que las pulgas engordan,
y tus huesos adelgazan.

No sabes si pediste de más,
u ofreciste de menos,
o fuiste demasiado idiota,
para no tener bastante
dando lo suficiente.

Ahora.. lávate la cara,
sal de ese cerebro,
grítale a la luna,
que si hay cojones,
se pinte de negro.

Que no te da miedo,
mirarla a la cara,
que ya tienes ganas,
de abrazar la noche,
bajo un cielo nuevo.

Suelta los tacones,
afila tu risa,
ponte a hacer favores,
salta, grita, corre,
y al cuerno temores.

Y si llega el día,
no te lo preguntes,
deshoja unas latas,
que si la resaca jode,
las margaritas matan. 

Mi secreto

Mi pequeño gran dilema,
mi beso más verdadero,
mi huida, mi enredadera,
mi estrepitoso silencio.

Para ti,
mi abrazo eterno.