No soy más
que una promesa,
Venecia sin
su carnaval,
desde el día
que te fuiste,
camino con
tu caminar,
entre las
hojas de un sauce,
entre las notas
de un vals.
En aquella
ropa vieja,
te sigo viendo
dormido,
y no quiero
más ropa que esa,
ni más
despertar sin tu abrigo,
ni más juegos
bajo la mesa,
ni más
brillar si no es contigo.
Ya no creo
en los castillos,
ni en la
otra media mitad,
no soporto
los domingos,
ni la cruda
realidad.
Desde el día
que te fuiste,
París nunca
volverá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario