domingo, 30 de junio de 2013

El cielo no puede esperar

El cielo es un garabato
que se escapa de tus brazos, 
y se cruza en mi cintura, 
y hace gestar en mi vientre 
al hijo de la desmesura, 
que se agita y se revuelve,
para buscar a su luna. 

Es una ducha caliente 
y un pijama de franela 
una noche de diciembre. 
Es sabor a menta fresca,
cuando te lavas los dientes. 
O que te rasquen la espalda, 
mientras estás viendo la tele. 

Es encontrarte de frente 
con la rabia de un Miura, 
y con gracia y con salero,  
agarrarle por los cuernos 
y sacar a pasear su culo, 
por las aceras de Chueca, 
a que envistan su bravura. 

Es desayunar frente al mar, 
o perderte en una hoguera, 
es estar acompañado, 
entre algún césped tirado, 
con olor a hierbabuena,
mientras buscas la postura, 
que haga temblar al de al lado.

Es un ruido de sirena, 
cuando todo se derrumba, 
y romper una barrera, 
si caminas con dos ruedas, 
o aparcar en pleno centro, 
sin carné de residente,
ni tickets de aparcamiento. 

Son quince minutos de siesta, 
o una llamada perdida, 
esperándote en consigna, 
con un bonito reencuentro. 
Es levantarte podrido, 
y tener la valentía de gritar,
¡joder! qué bien me siento.

El cielo, 
es encontrar en una buhardilla, 
el gran placer de un orgasmo, 
y compartir con un amigo, 
el rubio de una cerveza, 
o el negro, si le va lo amargo, 
el cielo, no puede esperar, 
reclama ya tus pedazos. 

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