Para cuando quieras verme,
estaré donde acaban los cuentos y
empiezan los miedos.
Allí, donde el tiempo ni se pide ni de da,
ni se sostiene en el tiempo.
Para cuando quieras verme,
estaré en el repecho de un verso y
en el anverso de una canción de amor.
Allí, donde la piel se encoge y
donde, aún, calienta el sol.
Para cuando quieras verme,
estaré en las noches de Reyes Magos,
en los golpes de días flacos y
en las tardes de sofá y de tejados.
Allí, con las ideas claras y
el corazón espeso.
Para cuando quieras verme,
ya me habré marchado.
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