tú lo sabes,
juro, que yo lo intento,
otra vez ese artefacto,
poniendo en pie los cerebros,
mi piel dice que se muda,
a una esquina del trastero,
junto al caos y la chatarra,
en un presagio de miedo,
a ser pasto de caricias,
de un simulacro de afecto.
Seré todas y ninguna,
no hace falta gran esmero,
ni importa si nos queremos,
o nos quieren otros cientos,
seremos el punto y seguido,
de abrazos sin mucho apego,
probablemente mañana,
si nos da por conocernos,
en nuestros labios se cruce,
un elocuente hasta luego,
que borra la fe en el tiempo.
En la funda de la almohada,
permanecen mis enredos,
lo mismo que dura la miel,
en el hocico de un cerdo,
el cobertor de la cama,
escupe con franqueza su razón,
le da la espalda a mi espalda,
mi cláusula de escisión,
echa un pulso de valor,
con un cartel de rebajas,
de bragas a 20 céntimos.
No hay razón para mayores,
un lío con una falda,
con otro vestido sale,
le quito hierro al encuentro,
aunque me lo clavo dentro,
mi corazón bate alas,
en un gran plato de sopa,
que ha sobrado del caldero,
esperando la cuchara,
que hacía levantar su vuelo,
¿no tiene huevos la cosa?
Buenísima.
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