¡Señores!, hoy me confieso.
Confieso que aunque me roben el alma,
me quedará su recuerdo,
que cuando me voy a acostar,
son sus ojos los que cierro,
y que aborrezco despertar,
si en mi cama no hay indicios de su cuerpo.
¿Para qué dormir?
¿Para qué soñar?
Si mis sueños,
son alfombras que cubren la realidad del suelo.
¿Para qué dormir?
¿Para qué soñar?
Si no son míos sus sueños,
y la lucidez,
comienza cuando me despierto.
¡Señores!, hoy miento.
Miento porque insisto,
en alargar el tiempo,
porque soy péndulo que oscila,
en la vertical del deseo,
porque deslío los líos,
que enmarañan mi mirada,
y lo veo todo claro, como si nada pasara.
¿Para qué mentir?
¿Para qué engañar?
Si las mentiras son bigotes,
de bocas sin voces, que no dicen nada.
¿Para qué mentir?
¿Para qué engañar?
Si mi corazón no entiende,
lo que dicta mi cerebro,
razones y más razones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario