jueves, 5 de diciembre de 2013

¡Dios!, cómo me gustaba...

Como me gustaba quererle, 
aquella sensación tan limpia, 
tan nueva, tan llana, 
sin un ápice de nadie, 
sin saber ninguna historia, 
sin contexto, sin memoria, 
ajena, aislada,
libre de toda carga, 
un sentimiento primo, 
él y yo,
sin un juicio de valores 
a la espalda, 
sin pérdidas ni beneficios. 

Y que me apretara fuerte, 

con rabia de mantequilla,
abrazados a una fuente, 
de amor sin alevosía, 
y dar a conocerme, 
clara, sincera, 
sin rodeos, 
sin una salida de pista, 
y entenderle, 
y creerle,  
y besarle, franco, nítido
sin ningún influjo externo, 
sentir grande, desde dentro,
¡Dios!, como me gustaba. 

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