jueves, 5 de diciembre de 2013

Corazón en jaula

Preferiste dejar telarañas en el marco de tus ventanas,
y levantar hilos de seda,
y ponerle barrotes blancos a tu jaula.

No querías peinar la tierra si la lluvia amenazaba,
ni hacer el camino de vuelta, pisando en tierra mojada,
ni apoyar el hombro sobre espaldas muy estrechas,
ni acostarte de costado para no doblar tus promesas.

Dijiste que agarrara mis modales, que soltara los grilletes,
y que el cuenta verdades,
no siempre es el más valiente.

Me repetiste mil veces, y por fin logré entenderte,  
que las nubes nunca huelen al perfume que tú quieres,
y que la sed no se engaña con sorbos de agua caliente,
y que no se cruzan mares sobre cáscaras de nueces.

Me enseñaste a no arrancarme las canas, esos filos de navajas,
que se cruzan con el tiempo y,
no se quedan clavadas.

Pobre corazón en jaula, me advertiste que no te bañara en dulzura,
que el azúcar nunca tapa agujeros de metralla,
y que no le diera importancia, que del amor solo queda el color de la saliva,
que se deja en las esquinas de la vida, cuando se pasa de página.

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