pero la sensatez, me lió,
me puso la zancadilla.
Empecé a caer de día,
y con la puesta de sol,
se prolonga mi caída.
Ya perdí mi orientación,
madre de la cordura,
y no encuentro condición,
como sombra malherida,
que pisada por la noche,
anda detrás de un talón.
El vértigo, viaja conmigo.
Compañero fiel y recio,
que con el caos en sus brazos,
va alborotando el descenso,
contagiando de locuras,
lo que antes era serio.
Convierte mis pies en columnas,
que se apoyan en el cielo,
y al otro extremo, la tierra,
que rebosante de vida,
me parece un cementerio.
Caída libre, caída,
pones la entrada en el fondo,
y al principio, la salida,
la realidad por las nubes,
y en el suelo, fantasías.
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