Es un gran hueco en el aire,
con un sombrero elegante,
haciendo un corte de mangas,
a un abrazo que se escapa,
porque no encuentra la espalda.
Una sonrisa bastarda,
en el cielo del paladar,
de padre reconocido,
y madre por encontrar,
en la cola de un servicio,
en las botellas de un bar.
Un latido en el paro,
que vive de la caridad,
de un corazón despegado,
y en las cuerdas de un trapecio,
ve los títulos de crédito,
una y otra vez pasar.
Un diagnóstico suicida,
en manos de un homicida,
que nunca dispara a matar.
Un irracional castigo;
el comienzo de un principio,
de un amor y su final.
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