martes, 28 de mayo de 2013

Hoy, ayer, mañana


Hoy, resultó ser un día raro.
Hoy, y en alguna otra ocasión.
Hoy,  te habría cogido de la mano
y  te habría metido en mi cama,
hasta que el sol me gritara,
y yo gritara con él,
para que nunca pararas.
Pero hoy, ya fue ayer,
y el sol no gritó,
ni yo, tampoco, con él.
Ni sentí las dentelladas
de rabia mansa clavadas,
ni la forma de las posturas,
grabadas sobre mi piel.

Hoy,  mañana será mañana,
y mañana será de nuevo hoy para él,
y podré tener mi revancha,
con el sol, el grito, la rabia, la piel.
Ayer, llegó como cualquier mañana,
bajé hasta abajo la persiana,
y me quedé dormida
al otro lado de la cama,
donde nunca grita el sol,
sin arrugas, ni costuras,
sin horarios, ni condición,
paseándome libertina,
entre las 50 sombras,
que llenaban mi habitación.

Hoy, podría haber sido suya,
o suya, ser la situación
de ser solo mío sin serlo,
hasta que gritara el sol.
Ayer, pretérito de unas horas,
no hubo ninguna intención,
ni otro perfume flotando
en las olas de mi colchón.
Ayer, el mar se detuvo,
estuvo calmo, casi sin respiración.
Mañana, puede que sea mañana,
quizá las caricias llevarán olor.
Mañana, hoy, yo no digo nada.
Ayer, hoy o mañana, nunca es tarde,
tarde sería no escuchar nunca gritar al sol. 

Irracional castigo

Es un gran hueco en el aire, 
con un sombrero elegante,
haciendo un corte de mangas,
a un abrazo que se escapa,
porque no encuentra la espalda.

Una sonrisa bastarda,
en el cielo del paladar,
de padre reconocido,
y madre por encontrar,
en la cola de un servicio,
en las botellas de un bar.

Un latido en el paro,
que vive de la caridad,   
de un corazón despegado,
y en las cuerdas de un trapecio,  
ve los títulos de crédito,
una y otra vez pasar.

Un diagnóstico suicida,
en manos de un homicida,
que nunca dispara a matar.
Un irracional castigo;
el comienzo de un principio,
de un amor y su final. 

Tal vez, sólo pensé

Sólo pensé qué tal vez,
quizás tú también.
Sin ninguna pretensión,
mis  labios se decidieron,
mi corazón, se movió.
Nada se puede ya hacer,
si el tiempo
ya no lo ha hecho.
No busco, nada.
No espero, nada.
Quiero ser yo
y mirarte a la cara.
Y que tú me puedas ver.
Sólo pensé, qué tal vez,
quizás tú también.

Me pregunto si existe.
Si te hace temblar,
reír, llorar.
Si te hace luchar.
O solo estás tú.
Siempre me lo pregunté.
Tan poca locura,
y tantas ganas de joder.
Joder un cuerpo.
Joder el momento.
Joder, ¡que si no reviento!
Y en mis ojos palabras
con sabor a aquel domingo.
A un domingo que no existe.
Tal vez sólo pensé,
que quizás, tú también.