bailando con mis latidos,
y un gatillo en la garganta,
que encasquilla los sonidos.
Tengo un escuadrón de termitas,
en el arcén de mi ombligo,
y un coro de margaritas,
diciendo sí, no, al olvido.
Tengo un lamento asomado,
por el quicio de mi adolescencia,
y un ladrón de guante blanco,
colgado de la decencia.
Tengo una cuerda maltrecha,
en el arpa de mi historia,
y un director de orquesta,
que dirige mi memoria.
Te importa si la comparto?
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