Acaso van de la mano como el vino y la tajada,
o son renglones encontrados de una misma página.
Inherentes o excluyentes según les venga en gana,
se envenenan uno al otro, se tiran por tierra, se apartan,
y si se encuentran, se niegan, no reconocen sus caras.
Quizá se dan empujones cuando la razón se escapa,
o se van cediendo el paso en un cruce de miradas,
o uno se queda parado y la otra le saca ventaja,
y se burla del contrario y le saca la lengua con ganas,
y deja mil zancadillas para que el otro se caiga,
y el otro recoge su orgullo y lo guarda en su solapa.
Igual dibujan los puntos de la línea que los separa,
y van siguiendo su trazo, pegados como una lapa,
o uno es la barba que crece y la otra cuchilla que rapa,
o una es la mota de polvo y el otro ojo que se escapa,
¿acaso la ‘erre’ se cansa de estar siempre entre medias,
y da el testigo a la rabia cuando ve que el amor quema?