Un panchito para dos,
una cerveza a pachas,
y la suerte del principiante,
derramada entre la orina,
que se vierte por la plaza.
Noches sin techo, paredes tiradas,
bullicio que confunde la historias,
de vidas cortadas y tragos enteros,
de manos opacas y golpes certeros.
¡Cero cuarenta!, no pido más.
¡Cero cuarenta!, y me olvido.
Un panchito para dos,
y una escalera indigente,
dónde mendigar amigos.