Hablemos de la ingravidez.
Del “yo”, pronombre ególatra,
del álgebra de la estupidez,
de juristas por pelotas,
y de celos sin florecer.
Hablemos de lo que faltaba.
Hablemos del que lo hace sin querer.
De velas con mechas muy largas,
de mordiscos y navajas,
de la excusa por doctrina,
y de mariposas sin alas.
Hablemos de hablar tu único idioma.
Hablemos de la herencia no biológica.
De vanagloriar la prosa,
de los rotos y descosidos,
del pellejo de la historia,
y de los días malheridos.
Hablemos de la asepsia contagiosa.
Hablemos del sexo cuadriculado,
y del dualismo cartesiano,
y de tanta banalidad.
De verrugas y de escobas,
y del don de la ubicuidad.