con verdades sugeridas,
y me pondrán las legañas,
de las plumas de otras tintas.
Desayunaré frases,
con el sentido exiliado,
y beberé supuestos,
de fracasos anunciados.
Me vestirán los harapos,
de pensamientos absurdos,
y pasearé por avenidas,
con las baldosas teñidas.
Me dibujarán el pico,
de un pájaro de mal agüero,
para condenar al futuro,
a ir por crudos derroteros.
Pero me quemaré las manos,
al ponerlas en el fuego,
antes de desconfiar,
por no abrasarme los dedos.
Y me saldrán ampollas,
de pisar suelos inciertos,
pero no me pondré las sandalias,
que calzaron otros cientos.